Pues sí, este es el
título de un artículo aparecido en prensa hace unos días, en el que se
reflejaba la sorpresa de la Dirección de IBERIA por las solicitudes para
acogerse al ERE pactado en este año 2013 entre la empresa y el colectivo de
trabajadores de tierra. ¡Hay muchos más candidatos que plazas disponibles!
¿Cómo es posible que con
la que está cayendo en la calle, el número de trabajadores que desea acogerse
ya al ERE, sin aguantar algún año más, es tan elevado? Es cierto que hay un
porcentaje de prejubilaciones, y que la oferta de la compañía ha mejorado
respecto al planteamiento inicial. Pero en mi humilde opinión, hay otro factor
con el que IBERIA no contaba: el hartazgo, el cansancio de sus empleados ante
como se les está tratando.
Por supuesto que no puedo
probar nada, y que todo lo que escribo en este artículo son opiniones. Pero
llevo muchos años trabajando en una Compañía aérea, y he conocido de primera
mano la evolución del sector. Cuando yo estudiaba, la aviación era el medio de
transporte elitista, viajar en avión tenía glamour, un lujo al alcance de
relativamente pocos. En aquella época, el alto precio de los billetes, regulada
como estaba la industria, se correspondía con unos niveles salariales en general
altos, posiblemente incluso demasiado altos para profesiones específicas…pero
la realidad es que trabajar en aviación era un plus de prestigio profesional,
fuera cual fuera la tarea que se desempeñase.
Europa eliminó la
regulación al transporte aéreo en los años noventa, y en estas dos décadas el
panorama ha girado 180º, especialmente desde el advenimiento de las compañías
low cost, y los atentados de las Torres Gemelas en Nueva York. Ahora viajar en
avión es poco menos que un suplicio, y
el que puede elige siempre una alternativa, principalmente el AVE. La
competencia en precios de las Compañías Aéreas es feroz, todas intentando
igualar, sin conseguirlo, al tigre irlandés…cuyo modelo de negocio para
conseguir tarifas bajas debería ser objeto de otro artículo.
En definitiva, el
transporte aéreo, al menos en Europa, se ha convertido en una industria de
costes bajos y disminuyendo…con salarios inevitablemente bajos. Y la pregunta
es, ¿demasiado bajos?
No desearía que se me
tachase de opuesto a las tarifas bajas, aunque sí a las que lo son en extremo;
han tenido efectos muy beneficiosos en la movilidad intra-europea, y ha
permitido a mucha gente acceder a viajar a un coste asequible. Mi tesis es que
el trabajo en las compañías aéreas, en todas sus funciones, está ahora mucho
peor remunerado que hace veinte años, cuando la realidad es que es mucho más
complejo de lo que ha sido nunca. Y repito que hablo con conocimiento de causa.
La normativa es mucho más exigente en todas las áreas operativas, y nuestro desempeño
está infinitamente más vigilado; las inspecciones son constantes, las sanciones
a las que se expone la Compañía y el trabajador son severas, y eso conlleva la
necesidad de una formación continua e intensiva, y una atención extrema y constante
en el trabajo.
No me estoy quejando; la
mayoría de los que trabajamos en este mundillo somos muy vocacionales, desde
nosotros los ingenieros a pilotos, técnicos de mantenimiento, controladores,
personal de operaciones e incluso, sí, el personal de rampa, a muchísimos de
los cuáles les encanta trabajar en aviación. La inmensa mayoría cumplimos con
nuestras responsabilidades lo mejor que sabemos y podemos, y acudimos al
trabajo con ilusión, y con el gusanillo de nunca saber lo que ocurrirá este
día, lo que creo que mejor define a la aviación comercial.
Puede parecer que añoro
los viejos tiempos (bueno, sí un poco), pero no se trata de eso. Lo que intento
expresar es que llega un momento en que la vocación no puede cubrir la
acumulación de presiones; de restricciones financieras y aumento de
productividad por parte de la Compañía (trabajar más por menos dinero), y de aumento
de responsabilidad por parte de las Autoridades, en muchos casos con
implicaciones hasta penales. Basta recordar el proceso al que se sometió a los
técnicos de mantenimiento implicados en el accidente de SPANAIR.
Al fin y al cabo, al
revés que hace veinte años ahora ya es posible encontrar trabajos fuera de la
aviación que no requieren de una formación tan intensa, ni tienen un grado tan
elevado de responsabilidad, ofreciendo salarios incluso superiores. Y por tercera vez en este artículo, repito
que hablo por experiencia. ¿Cómo es posible que el salario de un reponedor de
supermercado, con todos mis respetos a estas personas, sea más elevado que el
de un TMA con veinte años de experiencia y la responsabilidad sobre una
aeronave con 150 personas a bordo? Y otro ejemplo del que doy fe: un supervisor
de almacén aeronáutico dejó su puesto al recibir una oferta de empleo de una
empresa de material ferroviario, para realizar funciones bastante similares,
pero también bastante mejor remuneradas.
Porque eso sí, el venir
de la aviación todavía da un plus de prestigio. Sé de cierto que se nos
presupone conocimientos, exactitud en las tareas realizadas y alta dedicación,
y pese a las tremendas dificultades que atraviesa España y lo complicado que es
encontrar un nuevo trabajo, las personas que abandonan nuestra industria tienen
relativamente más oportunidades de encontrar otra ocupación. ¿Será por esto por
lo que tantos empleados quieren abandonar ya IBERIA?
Fdo. Javier Tena

